miércoles, 10 de mayo de 2017

Y tú, ¿qué ves?

Esta semana hemos partido de algo muy básico: cinco líneas que seguro todos hemos trazado en algún momento de nuestra infancia para presentar, cómo no, una casita. Pero ya no somo tan niños y podemos apreciar en este dibujo algo más que un hogar. Y tú, ¿qué ves? 




SOMBRÍOS LADRILLOS  GRISES
Eran días sombríos por aquel año. El pueblo ya tenía la Constitución que quería pero aquello cada vez se parecía más a un barril de pólvora a punto de explotar. La gente cada vez era más hostil con los nobles, sobre todo con los que iban y venían de Coblenza. Quintín, noble caballero al servicio del Rey, pensaba esto mientras contemplaba a través de la ventana la lluvia cayendo sobre los sombríos ladrillos grises de la casa de enfrente. Las desatadas nubes de París avecinaban una tormenta aún mayor. Y el ambiente le afirmaba en la creencia de que tarde o temprano, su cadáver ensangrentado yacería sobre los húmedos y sombríos adoquines grises del suelo de las calles de la capital de Francia.
Juan Diego (3º ESO)

LA CASA TROTAMUNDO
Anna Bloom y Ulisses Moore estaban en la playa haciendo su paseo matutino, pero a Anna le deslumbró un objeto que estaba en la arena
-Ulisses, mira eso, parece…
Fueron corriendo a recoger sus cosas en la arena para marcharse de inmediato, al entrar en su casa gótica que ha pertenecido a más de tres generaciones de los Moore.
-Anna, ¿se puede saber a dónde vas con tantas prisas?
-Ulisses, esa figura con forma de casa invertida la he visto en el libro oculto.
La propietaria de La mansión (la llamaban así porque era la casa más grande de todo el pueblo) tiró de un candelabro que había en una pared y una librería se entorno, dentro estaban unas escaleras que conducían a unos túneles subterráneos. Al final del túnel había un atril con un libro encima, de un grosor extraordinario, Anna lo abrió por una página en el que ponía símbolos inexistentes y ahí estaba la silueta de una casa invertida igual que la que había encontrado en la playa que tenían debajo del acantilado en el que vivían, el libro decía que se trataba de la “casa trotamundos” decía que si ponías este objeto en una puerta y decías otra puerta automáticamente aparecía dicha puerta. Esto facilitaba los desplazamientos. La pareja de La mansión fue a probarlo ya que según el libro eran objetos inexistentes por lo cual no debería existir pero ahí estaba entre las manos de Anna. Lo pusieron y dijeron el nombre de la puerta que daba el despacho Oval y efectivamente aparecieron en la casa blanca
Ahora había dos opciones utilizar este objeto para entrar en bancos o esconderlo donde nadie pueda encontrarlo jamás.
Gabriel Quesada Lobo (2º ESO)

ARREPENTIMIENTO
Fui parte de un experimento social. Me enseñaron un  dibujo y me preguntaron qué era lo que veía, pero me daba demasiado corte decirlo así que mentí. Pero ahora que estoy solo me atrevo. Veía una casa con un bonito jardín y un perro corriendo tras un niño. También veía a un padre y una madre y el niño estaba contento y no le pasaba nada. Los padres bajaron del porche y se pusieron a jugar todos juntos. El niño tenía seis años.
Testimonio de una Mujer que abortó. Madrid 26-4-17
Borja Luengo Molero (3º ESO)

FLECHAS
Una flecha que apunta hacia el cielo, a lo más alto. Una flecha que te guía cuando te hallas perdido en tortuosos caminos o te confirma que vas por el camino correcto y te anima a seguir adelante. Una flecha que te coge por sorpresa y no te deja escapar del que te ha herido.
Un flechazo es capaz de cambiarte la vida.
Samuel Castellanos Tamayo (3º ESO)

¿QUÉ VES?
Eulalio va andando por la calle. De repente nota un pinchazo. El final de un lápiz (donde acaba la mina de la parte de arriba del lápiz, no donde acaba la mina para poder escribir) toca el suelo, por lo que está de pie. El lápiz es gordo y blanco. Eulalio lo coge para ver de quien puede ser si probablemente pone el nombre de la persona que se le había perdido. No pone absolutamente nada. A Eulalio le parece un lápiz demasiado soso porque no tiene la marca de donde se ha producido por lo menos. Eulalio está inseguro porque no sabe qué hacer con el lápiz. Lo coge y se lo mete en su bolsillo. Mira hacia delante para ver si hay alguien que tiene unos metros enfrente de él y se lo puede devolver. Pero con tanto entretenimiento no había ningún alma por la calle. Eulalio comenzó a obsesionarse porque le daba mal rollo cogerlo y tenerlo en su casa como recuerdo del desafortunado que perdió el lápiz gordo. Se lo sacó del bolsillo y lo dejó donde lo había visto por primera vez cuando notó la presencia de…
Juan Gómez Villa (2º ESO)

EL HOGAR
El hogar, aquel lugar al que vas a encerrarte cuando algo sale mal, donde vive tu familia. Cosa que yo perdí hace mucho, en tiempos de la guerra.
Allá por el año 1937, yo vivía en la gran urbe de Barcelona con mi familia, compuesta por mi mujer Cristina, y mis dos hijos, Isabella y Daniel. Había pasado poco tiempo del bombardeo de Guernica y se rumoreaba que la próxima ciudad en caer sería Barcelona. La gente vivía asustada, con temor a morir. Hace tenues años lo más común era ver a montones de personas paseando por las calles de la majestuosa urbe, pero con las amenazas de bombardeo no podías divisar ni un ser con apariencias de estar vivo. En pocos años ha cambiado mucho la situación de la ciudad. Una tarde no sé si cometí un error el treinta de abril. Me fui de casa a por un medicamento para mi hija y dejé a mi familia desprotegida en casa. Si aquel día no hubiese salido de casa, mi familia, quizás seguiría viva. Los bombardeos azotaron toda la ciudad. Arrasaron con todo. Incluido con mi casa. Cuando llegue, en el lugar en el que estaba mi casa encontré un montón de escombros. Recuerdo haber visto los cadáveres de mi mujer e hijos incinerados, destruidos por la explosión. Sufrí. Empecé a vagar por Barcelona, perdido, extraviado, sin saber adónde ir. Me sentía vacío por dentro. Viví en la indigencia durante muchos años. Hasta que encontré a mi pequeño mesías particular. Daniel Sempere. Actualmente trabajo en la librería de su padre, y estoy prometido. Siento que he vuelto a encontrar mi hogar.
José Jesús Benítez (1º ESO)

ÁRBOL
La casa en la que vivía con mis padre no era ni muy grande ni muy pequeña era más bien mediana tenía dos pisos y una terraza sobre el segundo. En ella guardábamos nuestros *grifos es decir, utilizábamos aquella gran terraza como una especie de cuadra. Aquella terraza tenía una zona al aire libre otra que utilizábamos como corral para las gallinas y otra bajo techo. La de al aire libre era donde solían estar los grifos, preparados para despegar siempre que se les necesitara y solo estaban en la zona bajo techo cuando precipitaba , hacía mucho calor, o en las noches frías o mucho viento . Aquellas noches en las que ramas de los grandes árboles en las que construíamos nuestras casas se movían levemente hacia los lados. Aquellas ráfagas de viento no eran problema para las casas de nuestra tribu que no estaban sobre las ramas, sino que estaban fijas a ellas. El segundo piso de mi casa eran los dormitorios y  el primero era el salón-comedor y la cocina.
Yago Reyero Martín (1º ESO)

LA PROPIEDAD DEL SANTO GRIAL
Érase una vez una iglesia en Madrid llamada “Santa Luisa de Marillac”. Esa iglesia tenía mucha fama, porque era propietaria del famoso cáliz conocido como “Santo Grial”. Esa iglesia había conseguido el Santo Grial porque según cuenta una leyenda antes de construirse la iglesia estaba situado el castillo del rey Arturo, y como bien sabemos en ese castillo se encontraba la famosísima mesa redonda en la que  muchos años atrás se reunían los caballeros del rey Arturo, y encima de esa mesa se encontraba el Santo Grial. Pues bien, cuando se destruyó el castillo, no sobrevivió ni la mesa, pero misteriosamente los arqueólogos encontraron intacto el Santo Grial. Y como no  sabían qué hacer con él se lo entregaron al párroco de la iglesia.
Diego Rojas Romero (1º ESO)


miércoles, 26 de abril de 2017

El Guernica tiene historia

80 años han pasado ya de aquel cuadro, reflejo mayúsculo del bombardeo sobre Guernica. La historia, la conocemos todos. Las consecuencias, las sufrimos todos. Hoy, nuestros humildes escritores traen a la memoria en palabras lo que Picasso transmitió en imágenes. 

DIARIO DE ALICIA MONTALBÁN
Guernica
Guernica. 25 de abril de 1937.
Estamos en plena guerra civil. El miedo se huele en cada esquina, la gente duerme sin saber si al día siguiente se volverá a despertar. Los niños no pueden salir a jugar a la calle por miedo a morir. Las tropas franquistas se están acercando a Vizcaya. La gente lleva toda la semana aterrorizada, muchos morirán, los que corran suerte, vivirán.
26 de abril de 1937.
Como cualquier otro día, amanece con un gran sol imponente. Los  pequeños haces de luz se cuelan por la ventana de mi habitación. Abro los ojos y veo que en la mesita de noche hay una bandeja perfectamente preparada con un ominoso desayuno. En la bandeja se encontraba un plato con tostadas untadas en mermelada y mantequilla, una humeante taza de café con leche, un vaso de zumo de naranja y una nota, en la que se leía:
Hija, espero que te encuentres bien, que se te hayan pasado los dolores, he tenido que salir a comprar una cosa urgentemente. Te dejo el desayuno listo,
Te quiere,
Mamá.
El día transcurrió como siempre, hasta que una vez pasado el mediodía, empecé a oír un ruido ensordecedor, miré por la ventana y vi pasar unos aviones. De los aviones se desprendieron unos objetos metálicos de tamaño descomunal, eran bombas. Cayeron en el pueblo, la gente corría desesperada. Oí el primer bombazo en la lejanía, volví a mirar por la ventana y lo vi, la ciudad estaba en llamas. Huí despavorida. La segunda explosión, se estaba acercando, sabía que si no escavaba rápido, quizás no llegaría al día de mañana. En un par de minutos conseguí dejar atrás la ciudad, por precaución seguí corriendo unos cientos de metros para estar segura de llegar a salvo. Cuando creía estar segura, sucedió: un edificio salió volando, y me dejó esta herida de guerra que llevo conmigo.
26 de abril de 1967
Aun habiendo pasado treinta años del accidente que me dejó esta herida en la cadera derecha, cada vez se propaga más. Se extiende a través de mi pierna, creando la ilusión de una extensa telaraña de venas negras. A ratos me duele, tengo que tomarme un analgésico muy fuerte. Me gusta tomarlos con una buena copa de vino blanco. Mi jefe me dice que es insalubre, pero me da igual, solo eso es capaz de calmarme el dolor de la pierna. Tengo esta cicatriz que espanta a todos mis amantes, los intimida y se van corriendo y todo por culpa de las tropas franquistas y su estúpida guerra, solo por tener el control de España. Hay que ser tonto para hacer que un país pase miserias solo por tal tontería. El recuerdo de Guernica lo llevaré siempre en el corazón.
José Jesús Benítez (1º ESO)

PURO ARTE
Estaba allí. Solo. Delante de mí estaba aquel famoso cuadro. 80 años hacía que un pintor, con sus lágrimas, esfuerzo y sudor hubiera pintado aquel lienzo que llegaba hasta lo más hondo de cualquier persona que lo miraba. Arte. Esa era la mejor descripción de una simple pintura que traspasaba corazones y almas. Es increíble lo que el ingenio humano puede hacer: 3 años de trabajo eran pocos comparados con los que se habían  necesitado - y se seguirían necesitando – para llorar amargamente delante de aquella perfección y a la vez profundo tormento plasmado un día por un auténtico genio. Seguía allí. Seguía solo. Pero ahora tenía delante aquel empapado pañuelo. Había sido imposible luchar contra el dolor. Mis lágrimas también se habían derramado. Puro arte.
“No solo Málaga, no solo España, toda la humanidad agradece a Picasso sus magníficas pinceladas que han pasado a la historia”.
Veo una gran bomba a punto de caer. Lo mejor que puedo hacer esconderme bajo mi cama…
La bomba ya ha explotado, creo que ha caído encima de la catedral. Tengo mucho miedo. No tengo a nadie para que pueda protegerme.
Hay mucho humo, y sobre todo mucha gente muerta.
Ya he salido, ha pasado todo, eso espero… Los escombros de los tejados, la gente muerta, todo, todas estas cosas me gustaría olvidarlas, y volver a la vida cotidiana. No puedo escribir más, nos vemos mañana.
Pablo Ruiz Picasso 

Gabriel Pérez-Miranda Mata (1º ESO)

MI GUERRA, MI GUERNICA
Me llamo María, vivo en Vizcaya. Tengo nueve hermanos y yo soy la más pequeña. Estamos en plena guerra civil. La guerra es oscura y fría, fría como la muerte. La gente ya no sonríe, no tienen ninguna expresión en la cara y sus ojos están ya vacíos. Ahora la gente está cenando con lo único que queda: un poco de pan duro, unas gachas, y de postre nos tenemos que conformar con leche de cabra, daría lo que fuera por tomar un pan con mantequilla y una buena galleta de avena: tan dulce como el amor de mi madre. Nos vamos a dormir, no sé porque pero a las tres de la madrugada me siento sola, y salgo de casa para respirar aire puro. A lo lejos puedo divisar unos aviones. Me quedo petrificada, mis pies descalzos se han quedado de piedra y veo como unos puntitos van cayendo por el aire helado… y forman grandes explosiones de rojos colores, son grandes bombas franquistas. Salgo corriendo y noto como una fuerza me impulsa hacia delante y se me nubla la vista.
El aire frío de la mañana me despierta y salgo corriendo a mi casa, ahora solo quedan escombros y no encuentro a mi familia, ni un rastro, nada de nada. Me pongo a llorar, y no dejo de pensar que fuí una tonta al salir de casa. ¿¡y yo que sabía!? Después de unos meses un tal Picasso dibujó esa imagen que tengo en la cabeza tan olvidada ya, y me pregunto si aquel extraño pintor estuvo ahí, así él podría consolarme y darme fuerzas para afrontar esta estúpida guerra, que te arranca el corazón.
Han pasado ya muchos años y estoy delante de ese cuadro, que ya es tan conocido. Algunos lo llaman arte, otros, maestría. Pero yo lo único que veo es una ventana donde se ve mi guerra, mi Guernica.
Pablo Jiménez Alonso (1º ESO)

MI GUERNICA
"26 de abril de 1937.
Veo una gran bomba a punto de caer. Lo mejor que puedo hacer esconderme bajo mi cama…
La bomba ya ha explotado, creo que ha caído encima de la catedral. Tengo mucho miedo. No tengo a nadie para que pueda protegerme. Hay mucho humo, y sobre todo mucha gente muerta. Ya he salido, ha pasado todo, eso espero… Los escombros de los tejados, la gente muerta, todo, todas estas cosas me gustaría olvidarlas, y volver a la vida cotidiana. No puedo escribir más, nos vemos mañana. Pablo Ruiz Picasso".
Gonzalo Daniel Sánchez Ruiz (1º ESO)